El próximo martes 3 de junio a las 10:30 horas, en la Sala de Juntas de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad de La Laguna, tendrá lugar la defensa de la tesis doctoral que ha marcado un ciclo en mi vida. Un ciclo de siete años. Dicen que cada 7 años se produce una crisis y con ella cambios. Parece que en este caso, se cumple esta condición.
Al año siguiente de finalizar mis estudios en la Diplomatura de Trabajo Social en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), me matriculé en La Universidad de La Laguna (ULL) para realizar el curso puente hacia Sociología, pero lo cierto es que no me veía allí y regresé a mi isla. A la vuelta decidí continuar con mi deseo de estudiar esta carrera y así fue, la pude compatibilizar con mi trabajo en la administración local y terminé obteniendo el título, a través de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). La salvedad es que en este caso no existía curso puente y en lugar de hacer poco más de dos años, tuve que realizar la licenciatura completa de cinco, sin convalidación alguna.
Por consejo de mi hermana, amiga, referente… comencé mi doctorado a través de la Universidad Internacional de la UNED, la IUNED, con mi primera directora, pero esos dos primeros años no resultaron fructíferos para mi proceso doctoral, así que decidí cambiar de universidad, directora y programa.
Tras solicitar y obtener plaza en el Programa de Doctorado en Estudios Interdisciplinares de Género en la ULL, me conciencié de que se trataba de un nuevo comienzo. Dos años después se me asignaría una segunda directora. Con esta nueva etapa, perfilaría mi propuesta de investigación y plantearía una temática que a esta directora no le convenció y como no compartía el tipo de investigación que me planteaba, renuncié a ella y solicité la asignación de mi tercera y actual directora-tutora. ¿Quién me iba a decir que la gestión con la segunda, me iba a poner en su objetivo para sufrir a posteriori un proceso de mooving al quedarme embarazada y dar a luz…? Lo que pasé, no se lo deseo a nadie.
Cuando esto ocurre y consigo sortear todos los obstáculos que me pone en el camino, en medio de una situación psicológica poco favorable por mi reciente maternidad, la noticia de la enfermedad de mi hermana y el estado de salud de mi madre, principalmente, recurro a todos los eslabones de la cadena universitaria, incluso a la figura rectoral de aquel momento, pero nadie se hace eco de mi situación y no se me brinda una solución a modo de salvavidas. Esa profesora era intocable y yo una simple alumna. Luego me enteraría que era una más de su lista negra.
A comienzos de este curso 2024/25 esa profesora y su anexionadas compañeras abandonan la Dirección y Comisión Académica del Programa y afortunadamente ocupa el cargo un grupo de profesionales saneado, eficiente, transparente y humano, con el que es muy sencillo comunicarse y que favorece que el proceso avance, a pesar de los 7 meses de trámites burocráticos atravesados para poder obtener el visto bueno del documento de tesis.
Finalmente, aquella directora se fue y yo continué, aunque llegué a abandonar el proceso durante un tiempo a consecuencia de lo mal que lo pasé por el acoso al que me vi sometida en el marco de un programa de género por una cuestión de género. Gracias hermana por darme aliento para levantarme y seguir peleando.
Hoy por fin se ha establecido todo para poder defender una tesis que ha significado una lucha en muchos sentidos, y no solo por lo arduo del proceso doctoral, sino por todo lo experimentado de forma paralela y que ha tenido que ver con acontecimientos vitales muy duros.
El 3 de junio se cerrará un ciclo de 7 años que comenzó hace 24 en Tenerife.
Soy consciente de que al celebrarse en la isla vecina y en una mañana laboral, muchas de las personas que querrían estar no podrán, no importa, no se preocupen. Se les agradece la buena voluntad y los mejores deseos. A las que estarán ese día conmigo apoyándome, lo siento pero no tengo palabras para agradecérselo.
Hermana, sé que tú estarás en primera fila o a mi lado.
Sentía la necesidad de compartir lo duro que resultan estos caminos académicos de normal y cómo existen personas que se ubican en puestos de poder en el que no deben de estar, y lo más grave de todo, la inacción del resto de personas situadas en eslabones que no tomaron parte cuando se les dio razón de lo que estaba sucediendo.